martes, 12 de junio de 2012

La parte por el todo

Lo tomé, lo observé, lo leí, lo escuché, lo retuve, lo invoqué, lo exploré; lo guardé.
-En este trayecto mi latido sucumbió yaciendo en la melancolía que aqueja el dolor de lo lejano-
Dicen que, en ciertas ocasiones, es mejor frenar en seco que morir en el impacto.

viernes, 1 de junio de 2012

Muchacha olas de papel

Soñado por un señor que cayó con el otoño. Redactado por un ente.

Estaba parado dentro de un local. No me explico qué hacía allí, pero ¿quién puede explicar con exactitud lo que ronda en las tinieblas del inconsciente? Allí, en los confines de lo plausible, lo visible, lo hipotético.
Atiné a salir de aquel lugar, pero en ese momento -para mi sorpresa- colisioné con una muchacha que se encontraba posada en el marco de la puerta. Cuando enlazamos nuestras miradas me di cuenta de que la conocía.
Solía ser una mujer encantadora en todo aspecto: flaca, esbelta, intensa. Pero ahora todo era distinto; había perdido aquella silueta agraciada tan característica y el estilo que la distinguía. Me dio la ligera impresión de que acababa de salir de una internación, o que padecía las secuelas de una tragedia que había invocado una senectud temprana.
A pesar de ese cambio abrupto, noté que su mirada inquisidora no había cambiado ni un poco, era la misma de aquella doncella que supe conocer.  Por lo visto, ella también me reconoció. Estancó en el medio de mi rostro el azul más profundo –quizá infinito- que sus ojos alcanzaban, y con un tono suave y un tanto hilarante esbozó aquellas tres palabras que resonarían el resto de mi vida: “Olas de papel”.
Casi por acto reflejo, bajó la cabeza y arrastró los pies hacia afuera del local. Le tomó la mano a una mujer –que presumo que era su madre- y se desvaneció envuelta en una brisa otoñal.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Hija del rigor

Mientras él dormía endulzando cada recoveco de su amplio paladar con los sueños más azucarados, ella no paraba de sacudirlo y susurrarle al oído cuánto anhelaba su regreso.
Pasaron las horas, los días, los meses, las estaciones. Las hojas de los árboles comenzaron a sucumbir al igual que sus esperanzas, hasta que un día, finalmente abrió los ojos. Ella se le acercó, efusiva, intensa; lo envolvió en sus brazos con el fin de abarcar cada sitio de su infinito cuerpo y expresar de ese modo cuanto lo quiso y cuanto lo esperó. Él permaneció estático, con la mirada estancada en un punto fijo sin emitir sonido. Repentinamente se apartó con aspereza y ajeno a lo que acontecía, se volteó y se tumbó nuevamente en su lecho.  
Evidentemente él jamás notó la presencia de aquella muchacha. Quizá porque nunca formó parte de su quimérico mundo, quizá porque jamás tuvo lugar en su realidad falaz.

domingo, 20 de mayo de 2012

Discursivamente depresivo

Creo fervientemente que son más las veces que nuestro discurso condiciona nuestros sentimientos, que las veces que nuestros sentimientos condicionan nuestro discurso. Quizá sea la reproducción incansable de una misma idea lo que nos termina persuadiendo de que ésta es la única certeza, incuestionable e inamovible. 
¿No es la repetición continua uno de los recursos más utilizados por los medios para inculcarnos una visión particular de la realidad?
La "depresión" (léase desánimo o tristeza), por ejemplo, es uno de los estados que más noto auto-adjudicarse a la gente (y en esa gente me estoy incluyendo). Esta "depresión" como condición momentánea, a veces, es el producto de nuestro propio discurso: lo repetimos tantas veces que termina siendo cierto, como le sucedió a Juanito con el lobo. Y es así como, en consecuencia, terminamos desconcertados, aturdidos e incluso angustiados por ser los causantes de nuestra propia desgracia.


¿Seremos todos unos hipocondríacos?

viernes, 18 de mayo de 2012

Espectro invisible

Lo respiro
respiro tu aire a través de él 
te respiro, aspiro y lo siento
a mi través, aquí, la apertura de tu aura
¡Se dilata! (5.6)
¡Se contrae! (32)
se estremece y de a poco se marchita
se expande, se abre cual magnolia en primavera
¡Que épocas aquellas!
es que somos tan semejantes
pero sólo soy la caspa de tu estrella
es que sos la fuente de luz 
y es que sólo soy tu refracción
por eso él me eligió en esa estación
por eso él te eligió el resto de la eternidad
tan aspiracional, tan evidente.


Las hojas crujen en el confín de mi existencia
allá afuera el viento evoca mi presencia 
el crepúsculo indica que es mi momento de partir
espero que, por lo menos, el frío me me escoja a mi.

Desolación invernal (temprana)

Tu presencia es como lana sobre piel: me raspa, me pica y me duele; mas me abriga, me enreda, me envuelve.


¡AHORA HACE TANTO FRÍO!




(y yo aquí, desnuda en la intemperie, desnuda en tu ausencia).