Esa mañana se despertó con la espalda mojada, pero creyó que
había sido una mala pasada que le estaba jugando su inconsciente y siguió
durmiendo, esta vez boca abajo.
La alarma sonó incansablemente, una y otra vez el mismo
sonido de mierda que puede hacer un celular de 1814.
Se despertó y sí, tenía el pecho mojado, la espalda mojada,
el pelo, los pies, las pupilas, hasta los tímpanos estaban mojados.
Es que estaba lloviendo torrencialmente, creo que desde las
2am, o quizás desde que nació, que fue más o menos a la misma hora.
-El agua se debe haber filtrado- se dijo mirando el cielo.
Lo que nunca supo es que la que llovía era ella y no el cielo, lo que nunca supo es que era
su agua la que se filtró en las nubes, y no al revés. Lo que nunca supo es que ella fue la
causante de ese diluvio que, al final, fue eterno.
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